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Alimentación saludable para adultos mayores

A lo largo de la vida, nuestro apetito experimenta cambios significativos, y las decisiones que tomamos sobre la alimentación se convierten en factores determinantes para nuestra salud y bienestar. En este viaje, llegar a la edad dorada nos presenta desafíos únicos en términos de nutrición.

Mantener la calidad de vida en la vejez, un reto crucial:

Con el aumento de la esperanza de vida, la sociedad se encuentra ante la posibilidad de tener una gran población de adultos mayores, pero la clave está en garantizar que esta etapa no esté marcada por la enfermedad o la discapacidad, en este sentido, adoptar hábitos alimenticios adecuados puede marcar la diferencia.

Desafíos físicos que afectan la alimentación en la vejez:  

La vejez a menudo trae consigo la falta de apetito y hambre, lo que puede dar lugar a una pérdida de peso involuntaria y una mayor fragilidad. En algunos casos, la disminución del apetito puede ser consecuencia de afecciones específicas, como la enfermedad de Alzheimer. Por eso es vital adoptar una nutrición adecuada para contrarrestar estos desafíos y mantener la vitalidad. Otros efectos asociados a la vejez, como las dificultades para tragar, problemas dentales y la pérdida de gusto y olfato, también desempeñan un papel en la capacidad y el deseo de comer. Superar estos desafíos físicos es esencial para garantizar una ingesta nutricional adecuada.

Factores Sociales y Psicológicos:

La alimentación es una experiencia social, y varios factores pueden afectar significativamente la motivación para preparar y disfrutar de las comidas. La pobreza, la pérdida de la pareja o de un ser querido, así como la soledad al comer, pueden influir en la satisfacción y el placer que se obtienen de la comida.

Ahora bien, ¿Cómo podríamos ayudar a los adultos mayores de la familia?

Te compartimos algunas recomendaciones alimenticias pensadas en la salud y bienestar de personas de más de 60 años:

No forzar la ingesta

En la medida de lo posible, siempre es más efectivo esperar el tiempo que haga falta antes que generar mayor estrés a la hora de la comida.

Mantener una actitud positiva

Regañar al adulto mayor como si fuera un niño nunca tiene el efecto deseado. Conviene relativizar el problema focalizando la atención en otros aspectos (p. ej., dar conversación) hasta que el apetito se presente de forma natural.

Optar por alimentos de fácil masticación

Bocados pequeños, suaves, fáciles de masticar y de digerir. También deben ser alimentos que resulten fáciles de manipular y llevar a la boca, promoviendo así la autonomía.

Raciones comedidas. 

Es mejor realizar comidas pequeñas varias veces al día que comidas copiosas que no solo lleven más tiempo de masticación, sino que hagan las digestiones más pesadas. Evitando la sensación de saciedad hay más posibilidades de que la persona a mayor vuelva a tener hambre.

Convertir la hora de comer en una actividad social

La comida se disfruta mejor en compañía. Es un buen pretexto para reunirse con hijos y nietos, siempre que las circunstancias lo permitan. Asociar la comida a experiencias positivas estimula el apetito.

Mejorar la presentación

También comemos por los ojos. Una presentación atractiva resulta siempre mucho más apetecible. Atrévete a estimular el apetito a través de los cinco sentidos.

Motivación

Incluir en el menú ingredientes que le resulten especialmente apetecibles. Si su curiosidad por probar tu propuesta se produce fuera de los horarios habituales de comida, prioriza esta a cualquier otra rutina. Lo importante es recuperar el apetito.

Contar con comida sabrosa ya preparada

Para que nunca falte un rico plato en la mesa, incluso esos días que no pudimos dedicarle tiempo a la cocina.

Ayuda casera, saludable y deliciosa

Sobre estos tres últimos puntos, si te encuentras en Montevideo, Punta del Este o Ciudad de la Costa, te recomendamos incluir en la dieta de tu familiar, las viandas que ofrece Sabores Caseros. Son viandas saludables listas para consumir, envasadas al vacío, que no necesitan frezzer y duran en la heladera hasta 45 días, sin conservantes ni aditivos. Además, puedes optar por la opción sin sal, para aquellos adultos que tengan necesidades de alimentación especiales. 

Una propuesta sana, práctica y deliciosa que ayudará a tu familiar a recuperar el apetito y a vos a ahorrarte las horas que pasas en el súper, cocinando o limpiando.

Importante: No dejes de consultar a un nutricionista para el diseño de una dieta ajustada a las necesidades dietéticas y a las condiciones de salud, así como a un médico para descartar eventuales problemas digestivos.

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